Tus ojos, mi amado

Por Virginia Larrazábal

Tu pureza es el manantial que me empapa, la lupa que me examina, la luz que me descubre;

dos llamas de fuego ardiente que me consumen.

Mi alma la posada de tus ojos…ojos oscuros que delatan profunda sabiduría,

ventanas de una enorme morada que alberga variados y confortables rincones para vivir.

Tus ojos, lugar donde el tiempo se detiene y mi reflejo como espejo puedo ver…

esos ojos que como libro abierto me dejan leer tu incondicional ternura,

tu inagotable paciencia, tu latente deseo por mí.

Esos ojos tuyos que me cambian el semblante, que me transportan a tu paz.

En tus ojos, mi amado, puedo hundirme sin temor a ahogarme,

perderme y ser hallada, desnudarme y no ser avergonzada.

Alabado tú, que me diste la vista y ahora veo como tú ves,

Oh hermoso mío, perfecto mío, deseado de mi ser,

regálame hoy, una vez más, la gracia de saberme blanco de tu mirada,

habitante de tu corazón, doncella hermoseada por el brillo que emanas.

La luz de tu mirada[1]

4 comentarios en “Tus ojos, mi amado”

      1. ¿Saben? Hace años trabajé en un periódico local y estuve unos tres meses redactando para la sección de Hogar jajaja recuerdo que hice muchos artículos sobre remodelaciones y decoración. Yo no soy muy conocedora de esas cosas, pero los expertos que entrevisté sí me ayudaron bastante 😉 Es chévere la información que brindan en su blog, muy útil (Y)

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