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Desarraigándonos para alcanzar naciones

A través del coronavirus, Dios está desarraigando a los cristianos de todo el  mundo que están cómodos y establecidos, con el propósito de liberarlos para hacer algo nuevo y radical, y para enviarlos con el Evangelio de Cristo a las gentes no alcanzadas.

Tal vez parezca extraño relacionar el coronavirus con las misiones, ya que ahora los viajes están prohibidos. Sin embargo, Dios ha usado el sufrimiento y la turbulencia en la historia para mover a Su iglesia hacia dónde debe ir, y Él lo hará de nuevo como parte del impacto a largo plazo de esta pandemia.

LA PERSECUSIÓN COMO ESTRATEGIA MISIONERA

Dios sacó a Su pueblo de Jerusalén para ser misioneros a Judea y Samaria, y para eso se requirió la muerte de Esteban, además de la gran persecución que vino después. (Hechos 7:69; 8:1-4).

Los caminos de Dios no son los nuestros, pero Su misión se cumplirá con toda seguridad. Jesús lo dijo y Su palabra no puede fallar.

“Edificaré Mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mt 16:18).

“Y este evangelio del Reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones” (Mt 24:14).

No dice que “tal vez se predique”. Dice que “se predicará”.

LOS CONTRATIEMPOS COMO AVANCES ESTRATÉGICOS

Podríamos pensar que esta crisis del coronavirus es un estorbo para las misiones mundiales. Pero, con frecuencia los caminos de Dios incluyen aparentes contratiempos que resultan en grandes avances.

El 9 de enero de 1985, Hristo Kulichev, un pastor con gregacional en Bulgaria, fue arrestado y lo llevaron a la cárcel. Su crimen fue predicar en su iglesia a pesar de que el Estado había designado a otro hombre como pastor, el cual no había sido elegido por la congregación. Su juicio fue una burla a la justicia. Fue sentenciado a ocho meses de prisión. Durante ese tiempo, mostró a Cristo de todas las formas que pudo en la cárcel.

Cuando salió, escribió: “Tanto los prisioneros como los carceleros hacían muchas preguntas, y resultó que tuvimos un ministerio más fructífero allí de lo que podríamos haber esperado en la iglesia. Nuestro servicio a Dios en la cárcel fue más eficaz de lo que hubiera sido si hubiéramos quedado en libertad”.

Dios suele obrar de esta manera. El alcance global y la gravedad del coronavirus son demasiado grandes como para que Él los desperdicie.

Esta pandemia ayudará a cumplir Su propósito global invencible de la evangelización mundial. Cristo no derramó Su sangre en vano. Y Apocalipsis 5:9 dice que con esa sangre rescató a “gente de toda raza, lengua, pueblo y nación”. Él recibirá la recompensa de Su sufrimiento. E incluso las pandemias servirán para completar la Gran Comisión.


Este es un resumen del 11vo y último capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

Originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Haciendo buenas obras en medio del peligro

El coronavirus es un llamado de Dios a Su pueblo para que se despojen de la autocompasión y el temor, y en cambio se vistan de gozo y valentía para hacer las buenas obras de amor que glorifican a Dios.

Las buenas obras en sí mismas no son lo que hace que el cristianismo sea atractivo. Son las buenas obras a pesar del peligro. Muchos inconversos hacen buenas obras, pero la gente no suele darle la gloria a Dios por esas obras.

“Dichosos serán ustedes cuando por Mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo” (Mt 5:11- 12).

Y luego, sin hacer ninguna pausa, dice: “Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5:13-16).

Sí, el peligro en Mateo 5 era la persecución, no la enfermedad, pero aplica el mismo principio. Las obras de amor en medio del peligro, ya sea por una enfermedad o por la persecución, apuntan más claramente al hecho de que la esperanza en Dios es la que nos capacita para esas obras.

La esperanza en Dios que va más allá de la muerte:

“Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos” (Lc 14:13-14).

El Apóstol Pedro instó a que no permitan que la posibilidad o la realidad del sufrimiento les impida hacer buenas obras.

Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación (1P 2:12).

CRISTO MURIÓ PARA PREPARAR BUENAS OBRAS EN LAS QUE ANDEMOS, AÚN EN MEDIO DEL PELIGRO

“[Cristo] mismo, en Su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia” (1P 2:24).

Gracias a Cristo, los cristianos mueren al pecado y se dedican a hacer buenas obras de justicia. Además, estas buenas obras están dirigidas tanto a los cristianos como a los incrédulos.

“Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe” (Gá 6:10).

“Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, es- fuércense siempre por hacer el bien, no solo entre ustedes, sino a todos” (1Ts 5:15).

PARA LA GLORIA DE CRISTO

La meta principal de Dios para Su pueblo es que glorifiquemos Su grandeza y exaltemos el valor de Su Hijo, Jesucristo.

“Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1Co 10:31).

Por lo tanto, uno de los propósitos de Dios con el coronavirus es que Su pueblo se despoje de la autocompasión y el temor, y se dedique a hacer buenas obras en medio del peligro. Los cristianos deben enfocarse en las necesidades de otros, no en su propia comodidad. Deben enfocarse en el amor, no en su propia seguridad. Así es nuestro Salvador. Para eso murió.

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EL EJEMPLO DE LA IGLESIA PRIMITIVA

En los años 165 y 251 d. C., cayeron dos grandes plagas sobre el Imperio Romano.

La misericordia era vista como un defecto de carácter y la compasión como una emoción patológica; debido a que la misericordia implica dar una ayuda inmerecida, decían que era contraria a la justicia.

Por esto, mientras que un tercio del imperio moría a causa de la plaga, los médicos huían a sus casas de campo. Los que tenían síntomas eran expulsados de las casas. Los sacerdotes abandonaban los templos. Pero los cristianos afirmaron tener respuestas y, sobre todo, realizaron acciones apropiadas.

Las respuestas incluían el perdón de pecados por medio de Cristo y la esperanza de la vida eterna después de la muerte. Este era un mensaje precioso en una temporada de desamparo médico y total desesperanza.

En cuanto a las acciones, hubo grandes cantidades de cristianos que cuidaban a los enfermos y moribundos. Hacia el fin de la segunda plaga, el obispo Dionisio de Alejandría escribió una carta elogiando a los miembros de su iglesia:

La mayoría de nuestros hermanos mostraron amor y lealtad sin límites. Nunca escatimaron esfuerzos y solo pensaban en los demás. Ignorando el peligro, se encargaron de los enfermos, suplieron sus necesidades, les ministraron en Cristo y, junto con ellos, dejaron esta vida serena y alegremente.

ALIVIANDO EL SUFRIMIENTO ENVIADO POR DIOS

Ver el coronavirus como un acto de Dios no contradice el llamado a los cristianos a asumir riesgos para aliviar el sufrimiento que produce esta enfermedad.

Desde que Dios sometió al mundo al pecado y a la miseria en la Caída, Él ordenó a Su pueblo que saliera a rescatar a los que perecen, a pesar de que es Él mismo quien juzgará a los que perecerán. El mismo Dios vino al mundo en Jesucristo para rescatar a las personas de Su propio juicio justo (Ro 5:9). Ese es el significado de la cruz de Cristo.

Por lo tanto, las buenas obras del pueblo de Dios incluyen las oraciones por la sanación de los enfermos y para que Dios refrene Su mano, elimine la pandemia y provea una cura. Oramos por el coronavirus y trabajamos para aliviar el sufrimiento que produce.

Si confiamos en Su Palabra y la obedecemos, Él hará que Su soberanía y nuestro servicio cumplan Sus propósitos buenos y sabios.


Este es un resumen del 10mo capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

Originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

Realineándonos con el infinito valor de Cristo

El coronavirus es un llamado estruendoso para que todos nos arrepintamos y realineemos nuestras vidas con el infinito valor de Cristo.

El coronavirus es una de miles de formas en las que Dios nos llama al arrepentimiento. De hecho, todos los desastres naturales —ya sean inundaciones, hambrunas, langostas, tsunamis o enfermedades— son llamados dolorosos y clementes de Dios a que nos arrepintamos.

Esto lo vemos en la forma en que Jesús responde al desastre en Lucas 13:1-5:

En aquella ocasión algunos que habían llegado le contaron a Jesús cómo Pilato había dado muerte a unos galileos cuando ellos ofrecían sus sacrificios. Jesús les respondió: “¿Piensan ustedes que esos galileos, por haber sufrido así, eran más pecadores que todos los demás? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan. ¿O piensan que aquellos dieciocho que fueron aplastados por la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? ¡Les digo que no! De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan”.

Pilato había asesinado a personas que estaban adorando en el templo. La torre de Siloé había colapsado y murieron dieciocho personas que estaban en los alrededores. Un desastre fue fruto de la maldad humana. El otro, aparentemente, fue un accidente.

EL SIGNIFICADO DE LA CALAMIDAD PARA TI

En otras palabras, las multitudes le estaban preguntando a Jesús: “¿Qué significa esto? ¿Fue un juicio específico de Dios por pecados específicos?”. Pero la respuesta de Jesús es asombrosa. El significado que Él le atribuye a estos desastres tiene que ver con todas las personas, no solo con los que murieron. En ambos casos, básicamente les dice: “No, ni los que fueron asesinados por Pilato ni los que murieron cuando se cayó la torre eran más pecadores que ustedes”.

¿Ustedes? ¿Por qué saca a relucir el pecado de ellos? No le estaban pidiendo que opinara sobre sus pecados. Más bien, sentían curiosidad por los pecados de otros. Querían sabe lo que significaban los desastres para las víctimas, no para el resto de nosotros.

Eso es lo que hace que la respuesta de Jesús sea asombrosa. En esencia, dijo que estos desastres tienen un significado para todos. Y el mensaje es: “Arrepiéntanse, o perecerán”. Lo dice dos veces: “todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan” (Lc 13:3); “todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan” (Lc 13:5).

UN LLAMADO MISERICORDIOSO MIENTRAS AÚN HAY TIEMPO

¿Qué estaba haciendo Jesús? Estaba redirigiendo el asombro que los llevó a hacerle estas preguntas está en el lugar equivocado.

Les sorprendía el hecho de que las personas fueran asesinadas tan cruelmente y aplastadas de una manera tan absurda. Pero Jesús dice: “Lo que debería sorprenderles es que los asesinados y aplastados no hayan sido ustedes. De hecho, si no se arrepienten, ustedes mismos sufrirán un juicio como ese algún día”.

Partiendo de este texto, mi deducción es que Dios quiere comunicar un mensaje misericordioso en todos estos desastres. El mensaje es que todos somos pecadores y que vamos rumbo a la destrucción. Los desastres son llamados de misericordia de parte de Dios para que nos arrepintamos y seamos salvos mientras aún hay tiempo.

Jesús cambió el enfoque de los muertos a los vivos, y básicamente dijo: “No hablemos de los muertos; hablemos de ustedes. Esto es más urgente. Lo que les sucedió a ellos tiene que ver con ustedes. Su mayor problema no son los pecados de ellos sino sus propios pecados”. Pienso que ese es el mensaje de Dios para el mundo en esta crisis del coronavirus. Él está llamando al mundo al arrepentimiento antes de que se acabe el tiempo.

¿QUÉ ES EL ARREPENTIMIENTO?

La palabra en el Nuevo Testamento implica un cambio de corazón y de pensamiento. No es un cambio superficial de opinión, sino una transformación profunda para que veamos y valoremos a Dios y a Jesús como lo que son en realidad. Jesús describió este cambio de la siguiente manera:

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente (Mt 22:37).

El que quiere a su padre o a su madre más que a Mí no es digno de Mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a Mí no es digno de Mí (Mt 10:37).

En otras palabras, el requisito principal del arrepentimiento es que atesores a Dios con todo lo que eres y que atesores a Jesús más que a cualquier otra persona.

Christian life crisis prayer to god. Woman Pray for god blessing

¿POR QUÉ LAS AMENAZAS DE JESÚS DICIENDO QUE MORIREMOS?

La razón por la que Jesús dijo que todos pereceremos igual- mente si no nos arrepentimos es que todos hemos cambiado el tesoro que es Dios por cosas inferiores que amamos más (Ro 1:22-23), y todos hemos tratado a Jesús como algo menos deseable que el dinero, el entretenimiento, los amigos y la familia.

La razón por la que todos merecemos perecer no es que hayamos incumplido una lista de reglas, sino que hemos des- preciado algo que es infinitamente valioso: todo lo que Dios es para nosotros en Jesucristo.

ABRAMOS LOS OJOS A NUESTRAS PREFERENCIAS SUICIDAS

El arrepentimiento implica abandonar la preferencia suicida de escoger hojalata en vez de oro, de construir sobre un fundamento de arena y no sobre una Roca sólida, de jugar en el lodo en lugar de pasar unas vacaciones junto al mar. Tal como escribió C. S. Lewis:

Somos criaturas mediocres que se enredan con el alcohol, el sexo y la ambición, cuando en realidad se nos ofrece un gozo infinito. Somos como un niño ignorante que quiere seguir jugando con lodo en una pocilga solo porque no puede imaginar el significado de la oferta de unas vacaciones junto al mar. Nos contentamos con demasiada facilidad.

El “gozo infinito” que menciona Lewis es la experiencia de ver, probar y compartir el valor, la belleza y la grandeza de Cristo.

IMPULSADOS A CONFIAR EN CRISTO

Lo que Dios está haciendo con el coronavirus es mostrándonos —gráfica y dolorosamente— que nada en este mundo da la seguridad y satisfacción que solo podemos encontrar en la grandeza y el valor infinito de Jesús.

Esta pandemia global nos quita la libertad de movimiento, detiene nuestras actividades económicas y no nos permite relacionarnos cara a cara. Nos quita nuestra seguridad y comodidad. Y, al final, puede quitarnos la vida.

La razón por la que Dios nos expone a pérdidas como estas es que quiere impulsarnos a confiar en Cristo. O para decirlo de otra manera, la razón por la que Él usa las calamidades para ofrecernos a Cristo es que la grandeza suprema de Cristo brilla con más fuerza cuando Cristo nos mantiene gozosos en medio del sufrimiento.

EL REGALO DE LA DESESPERACIÓN

Considera, por ejemplo, la razón por la que Dios permitió que Pablo llegara a perder la esperanza de salir con vida:

Hermanos, no queremos que desconozcan las aflicciones que sufrimos en la provincia de Asia. Estábamos tan agobiados bajo tanta presión que hasta perdimos la esperanza de salir con vida: nos sentíamos como sentenciados a muerte. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos (2Co 1:8-9).

Pablo no vio esta situación desesperada como algo satánico o como una casualidad. Fue algo con propósito.

Este es el mensaje del coronavirus: dejen de confiar en ustedes mismos y busquen a Dios. Ustedes ni siquiera pue- den evitar la muerte; Dios puede resucitar a los muertos.

El coronavirus nos llama a convertir a Dios en la realidad más importante de todas las áreas de la vida. Nuestra vida de- pende más de Él que del aire que respiramos. Y Dios a veces nos quita ese aire para impulsarnos a buscarle.

EL SIGNIFICADO DE LAS ESPINAS

O considera el propósito que Dios quería lograr en la vida de Pablo por medio de la dolorosa espina en su carne (2 Cor. 12:7-9).

No sabemos cuál es la espina, pero sabemos que fue dolorosa y que Pablo le pidió tres veces al Señor que se la quitara. Pero Él no lo hizo, pues tenía un propósito con ese dolor: “Mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Su propósito es que sea evidente, a través de la fe y el gozo inquebrantable de Pablo, que Dios es más valioso que la salud. Y ¿cuál fue la respuesta de Pablo a este propósito? “Gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades”.

¡Gustosamente! ¿Cómo es eso posible? ¿Por qué está dispuesto a aceptar esta espina con gusto? Porque su meta principal en la vida es que Cristo sea glorificado en él, sea que viva o muera (Fil 1:20). El gozo de Pablo era ver la belleza de Cristo, apreciar a Cristo como su mayor tesoro y mostrar al mundo que Cristo es mejor que la salud y la vida.

GANANCIA EN LA PÉRDIDA

En parte, Pablo aceptó la pérdida gustosamente porque en ella ganaba a Cristo más plenamente:

Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo (Fil 3:8).

La pandemia del coronavirus nos lleva a experimentar pérdidas, desde la pérdida más pequeña de comodidad hasta la pérdida más grande de la vida. Y si conocemos el secreto del gozo de Pablo, podemos experimentar la pérdida como una ganancia. Eso es lo que Dios le está diciendo al mundo. Arrepiéntanse y realineen su vida con el valor infinito de Cristo.


Este es un resumen del 9no capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

Originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

Despertándonos para la Segunda Venida de Cristo

El coronavirus es un llamado de atención de parte de Dios para que estemos listos para la segunda venida de Cristo.

Aunque la historia de la iglesia cristiana está inundada de predicciones fallidas sobre el fin del mundo, pero lo que sigue siendo verdadero es que Jesucristo regresará.

“Hombres de Galilea”-dijo el ángel cuando Jesús partió de la tierra- “¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse” (Hechos 1:11).

En su venida, Él juzgará al mundo:

Cuando el Hijo del hombre venga en Su gloria, con to- dos Sus ángeles, se sentará en Su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de Él, y Él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras (Mt 25:31-32).

Para aquellos que no están listos para encontrarse con Cristo, ese día vendrá de repente y los tomará desprevenidos:

Estén alerta, no sea que sus corazones se carguen con disipación, embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre ustedes como un lazo (Lc 21:34, NBLA).

Principio de dolores

Jesús dijo que veríamos señales de Su venida, como guerras, hambrunas y terremotos (Mt 24:7). A estas señales les llamó “principio los dolores” (Mt 24:8). La tierra es descrita como una mujer en labor de parto tratando de dar a luz un nuevo mundo, el cual Jesús creará cuando regrese.

Pablo tomó esta imagen y la usó en Romanos 8:22, relacionando esos dolores de parto con todos los gemidos de esta era —todas las miserias del desastre y la enfermedad (como el coronavirus). Él nos imaginó en nuestras enfermedades, y las vio como parte de los dolores de parto del mundo. Gemimos mientras esperamos la redención de nuestros cuerpos. Jesús regresará, resucitará a los muertos y nos dará un cuerpo nuevo y glorioso (Fil 3:21).

 

La creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo (Ro 8:21-23).

¡Manténganse despiertos!

Mi punto es este: Jesús quiere que veamos los dolores de parto (incluyendo el coronavirus) como recordatorios y alertas de que Él viene, así que debemos estar preparados. “Ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen” (Mt 24:44).

No necesitas una fecha exacta para tomar en serio lo que dice Jesús. Lo que dice es claro: “¡Estén alerta! ¡Vigilen! Porque ustedes no saben cuándo llegará ese momento… Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben cuándo volverá el dueño de la casa… Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!” (Mr 13:33-37).

El mensaje es claro. Estén alerta. Vigilen. Manténganse despiertos. Y los dolores de parto del mundo natural son para transmitir este mensaje. ¡Pero hay muchos que no están despiertos! Irónicamente, sus muchas actividades los mantienen profundamente dormidos en cuanto a la venida de Jesucristo.

 

El peligro es grande. Y el coronavirus es un llamado de atención lleno de misericordia para que estemos listos.

Para estar listo, debes acercarte a Jesucristo, recibir el perdón por tus pecados y andar en Su luz. Entonces estarás entre los que…

…no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como un ladrón. Todos ustedes son hijos de la luz…debemos, pues…mantenernos alerta…pues Dios no nos destinó a sufrir el castigo, sino a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Él murió por nosotros para que, en la vida o en la muerte, vivamos junto con Él (1Ts 5:4-10).


Este es un resumen del 8vo capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

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¿Qué está haciendo Dios a través del coronavirus?: Está enviando juicios divinos específicos

Algunas personas se infectarán de coronavirus como un juicio específico de Dios debido a sus actitudes y acciones pecaminosas.

El hecho de que toda miseria sea resultado de la caída -consecuencia de la entrada del pecado que menosprecia a Dios en el mundo- no significa que todo sufrimiento individual es un juicio específico por pecados personales. Por ejemplo, el sufrimiento de Job no se debió a pecados particulares. De hecho, la primera frase de ese libro lo deja claro:

“Job…era un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal.” (Job 1:1).

Así que, el propio pueblo de Dios experimenta muchos de los efectos físicos de su juicio. El apóstol Pedro lo pone de esta manera:

Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios! “Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?” (1P 4:17-18).

Para “la familia de Dios”, este juicio es purificador, no parte de un castigo. Sin embargo, Dios a veces usa la enfermedad para traer juicios particulares sobre aquellos que le rechazan y se entregan al pecado.

EJEMPLOS DE JUICIOS ESPECÍFICOS SOBRE PECADOS ESPECÍFICOS

Daré dos ejemplos de esto. En primer lugar, en Hechos 12, Herodes el rey se exaltó a sí mismo, permitiendo que lo llamaran “dios”.

“Al instante un ángel del Señor lo hirió, porque no le había dado la gloria a Dios; y Herodes murió comido de gusanos” (Hch 12:23).

Dios puede hacer eso con todo aquel que se exalta a sí mismo, lo cual significa que debemos asombrarnos de que muchos de nuestros gobernantes no caen muertos todos los días por su arrogancia ante Dios y el hombre. Dios refrena su ira, y es una gran muestra de misericordia.

Otro ejemplo es el pecado de las relaciones homosexuales. En Romanos 1:27, el apóstol Pablo dice:

“Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión”.
Ese “castigo que merecía su perversión” es solo un ejemplo del juicio de Dios que vemos en Romanos 1:18, donde dice:

“Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad”.

De modo que, mientras no todo sufrimiento se debe a un juicio específico de Dios por pecados específicos, algunos sí lo son.

QUE TODA ALMA SE EXAMINE

Por lo tanto, el coronavirus no es simplemente un castigo para todo el que se contagia. El cristiano más amoroso y lleno del Espíritu Santo, cuyos pecados son perdonados por Cristo, puede morir por esta pandemia. Pero es correcto que todos y cada uno de nosotros examinemos nuestros propios corazones para discernir si el sufrimiento que padecemos se debe a un juicio de Dios a causa de la manera cómo vivimos.

Si venimos a Cristo, podemos saber que nuestro sufrimiento no es un castigo. Y lo sabemos porque Jesús dijo:

“Ciertamente les aseguro que el que oye Mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Juan 5:24).

“No hay condenación para los que están en Cristo Jesús” (Ro 8:1).

Es disciplina, no desctrucción.

“porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo” (Heb 12:6).


Este es un resumen del 7mo capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

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El Dios que reina sobre el coronavirus (Cap. 4 y 5)

El coronavirus es un acto de “providencia amarga”. Describir este acto de Dios como amargo no es blasfemia. Piensa en la suegra de Rut, Noemí, quien perdió a su esposo y dos hijos, así como una nuera; todo esto por hambruna y exilio. Ella dijo:

Rut 1

20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

21 Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Captura de Pantalla 2020-04-16 a la(s) 12.26.38Y ella no mentía, ni exageraba ni estaba acusando en vano. Era un simple y terrible hecho. “Amargo” no es un menosprecio hacia los caminos de Dios. Solo es una descripción.

Por otro lado, la dulzura de la Palabra de Dios no es disminuida en medio de esta amarga providencia – al menos no si hemos aprendido el secreto de estar “como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.” (2 Cor. 6:10).

La misma Soberanía que podría detener el coronavirus, y que aún así no lo hace, es la misma Soberanía que sostiene el alma de la misma.


Lo que Dios se propone, lo hace

La Soberanía de Dios significa que Él puede hacer, y de hecho lo hace, todo lo que decisivamente se propone hacer; lo cual significa que nada fuera de Él puede frustrar su voluntad.

Isaías enseña que esto es parte de la mera esencia de Dios:

Isaías 46:

9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí,

10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.

Job aprendió de una dura experiencia (Job 42:2); Nabucodonosor aprendió de su misericordiosa humillación (Dan. 4:35). El Señor hace lo que le place (Salmos 135:6).

Pablo lo resume de esta manera:

Efesios 1:11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.

“Todas la cosas”. No algunas cosas. Y “según el designio de su voluntad”, no de acuerdo a voluntades y fuerzas externas a Él.

En otras palabras, la Soberanía de Dios lo abarca y penetra todo. Él tiene dominio absoluto sobre este mundo. Él gobierna el viento (Luc. 8:25), luz (Job 36:32), nieve (Sal. 147:16), sapos (Ex. 8:1-15), mosquitos (Ex. 8:16-19), moscas (Ex. 8:20-32), langostas (Ex. 10:1-20), codornices (Ex. 16:6-8), gusanos (Jonás 4:7), peces (Jonás 2:10), gorriones (Mat.10:29), hierba (Sal. 147:8), plantas (Jonás 4:6), hambrunas (Sal. 105:16), el sol (Jos- 10:12-13), prisiones (Hech. 5:19), ceguera (Ex. 4:11; Luc. 18:42), sordera (Ex. 4:11, Marc. 7:37), parálisis (Luc. 5:24-25), fiebre (Mat. 8:15), cada enfermedad (Mat. 4:23), planes de viaje (Sant. 4:13-15), el corazón de los reyes (Prov. 21:1; Dan. 2:21), las naciones (Sal. 33:10), asesinatos (Hech. 4:27-28), y la muerte espiritual (Ef. 2:4-5)-y todo ello hace Su Soberana voluntad.

El coronavirus fue enviado, por lo tanto, por Dios. Este no es momento para tener percepciones sentimentales acerca de Dios. Es un tiempo amargo. Y Dios lo ordenó. Dios lo gobierna. Él lo terminará. Nada de esto se le escapa. La vida y la muerte están en Su mano. Job no pecó con sus labios cuando dijo:

Job 1: 21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.

En la presencia de Dios, nadie tiene derecho a la vida. Cada respiro que tomamos es un regalo de gracia. Cada latido, inmerecido. Así que, mientas reflexionamos sobre nuestro futuro con el coronavirus -o cualquier otra situación que amenaza la vida- Santiago nos dice cómo pensar y hablar:

Santiago 4:15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

Si Él quiere, viviremos. Si no, no lo haremos.

La dulzura de Su reinado

¿Por qué debería recibir todo esto  sobre la Soberanía de Dios en el coronavirus, y sobre mi vida, como una enseñanza dulce? El secreto, como dije, es saber que la misma soberanía que puede detener el coronavirus, pero no lo hace, es la misma que sostiene el alma en ello.

Esta Soberanía que gobierna en la enfermedad, es la misma que sostiene en las pérdidas. La misma Soberanía que conquistó a la muerte y trae a los creyentes a casa, al cielo y a Cristo. No es dulce pensar que Satanás, la enfermedad, el sabotaje, el destino, o las probabilidades tienen la última palabra en mi vida. Estas no son buenas noticias.

¡El Dios que reina es una buena noticia! ¿Por qué? Porque Dios es santo, justo y bueno. Y Él es infinitamente sabio. Nada lo sorprende, lo confunde o lo desconcierta. Su infinito poder descansa en las manos de su infinita santidad, justicia y bondad-y sabiduría. Y todo esto está al servicio de todos los que confían en Su Hijo, Jesucristo. Lo que Dios hizo al enviar a Jesús a morir por los pecadores tiene todo que ver con el coronavirus.

Esta es la conexión:

Romanos 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Esto significa que la voluntad de Dios en enviar a Su hijo a ser crucificado en nuestro lugar, es su declaración y validación de que usará Su Soberanía para darnos “todas las cosas”. Está garantizado por la sangre de Su hijo.

¿Y qué son “todas las cosas”? Abarca todo lo que necesitamos para hacer Su voluntad, glorificar Su nombre y hacerlo con seguridad hacia su gozosa presencia.

Tres versos más adelante, Pablo explica cómo funciona esto en la vida real-en el tiempo del coronavirus.

Romanos 8:

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero. m

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Incluso si Satanás, con su “freno divino”, tiene las manos metidas en nuestro sufrimiento y muerte, Él no es quien decide qué  pasa. Él no puede herirnos sin el permiso y limitación de Dios (Job 1:12; Luc. 22:31; 2 Cor. 12:7). Y, al final, es correcto que digamos a Satanás lo que José le dijo a sus hermanos, quienes lo vendieron a la esclavitud:

Génesis 50: 20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.

Esta es la clave para tener consuelo cuando la maldad de los hombres y del diablo se componen para nuestro sufrimiento. En Cristo, tenemos todo el derecho de decirles: “Ustedes maquinaron el mal pero Dios lo transformó para bien”. Ni Satanás, ni la enfermedad, ni ningún hombre pecador es soberano. Solo Dios lo es. Y Él es bueno, sabio y soberano.

Todos nuestros cabellos

Jesús expresa la dulzura de la Soberanía de Dios por sus discípulos más hermosamente que nadie:

Mateo 10:

29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

Captura de Pantalla 2020-04-16 a la(s) 12.36.15Ni un pajarillo se cae del plan de Dios. Ningún virus se mueve si no es por el plan de Dios. ¿Y qué dice Jesús seguidamente? Tres cosas: Ustedes son más valiosos que los pájaros. Los cabellos de su cabeza están todos contados. No teman.

¿Por qué no? Porque la soberanía meticulosa de Dios en si vivimos o morimos, sirve a Su santidad, a Su justicia, a Su bondad y a Su sabiduría. Somos sus preciosos hijos.

Esto es lo que nos sostiene, y nos hace saber que todo lo amargo y todo lo dulce de esta vida opera para nuestro bien-el bien de los que le aman y son llamados en Cristo (Rom. 8:28-30).



Este es un pequeño resumen del 4to y 5to capítulo del libro, originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

Dios sigue siendo Dios, aún en tiempos de pandemia (Cap. 3)

Lo que más nos golpea en una pandemia global es la confianza en que Dios es justo, santo y bueno. Si Dios va a ser nuestra Roca, Él debe ser justo. Una Roca injusta es un espejismo.

Así que, necesitamos preguntarnos, ¿qué son la santidad, la justicia y la bondad de Dios? Porque si no sabemos qué son, ¿cómo sabremos si este virus las ha desmoronado? ¿O cómo sabremos si, en cambio, son de hecho los fundamentos eternos de la Roca que nos salva?

La Biblia muestra la santidad, justicia y bondad de Dios no como idénticas, sino como entrelazadas.

Santidad: valor trascendete e infinito

La santidad es estar separado, pero de manera diferente a como se conoce ordinariamente, pues, aplicado a Dios, implica que Él es tan único que su separación trasciende otras realidades. Él es autoexistente, completo, perfecto. Así que, Él posee el valor más grandioso, como la fuente de toda realidad y todo valor.

Hay un solo Dios. No tres. Pero este Dios único existe en una unidad misteriosa y verdadera entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; cada uno de ellos eterno y sin principio. Cada uno verdaderamente Dios.

Así que, la santidad no significa que Él está solitario y sin amor en su altura infinita. Dios el Padre conoce y ama al hijo perfecta, completa e infinitamente (Marc. 1:11; 9:7; Col 1:13). Dios el Hijo conoce y ama al Padre perfecta, completa e infinitamente (Juan 14:31). El Espíritu Santo es la expresión perfecta, completa e infinita del conocimiento y amor entre el Padre y el Hijo.

¿Por qué esto importa? Porque esta trinidad perfecta es esencial para definir la llenura y perfección de Dios. Es esencial para su santidad.

La santidad se entrelaza con la justicia

Ser santo no solo significa estar separado y ser trascendente, sino también ser justo.

El estándar de la justicia de Dios es Dios mismo. El fundamento bíblico de este principio es el siguiente: “Él no puede negarse a sí mismo” (2 Tim. 2:13). Él no puede actuar en una manera que niegue su propio valor infinito, belleza y grandeza. Este es el estándar de lo que es correcto para Dios.

Esto significa que la dimensión moral de la santidad de Dios -su justicia- es su inconmovible compromiso en actuar de acuerdo a su propio valor, belleza y grandeza. Cada afecto, cada pensamiento, cada palabra y cada acto de Dios siempre será consistente con lo anterior. Si Dios negara todo esto, el estándar estaría roto y sería un Dios injusto.

La justicia se entrelaza con la bondad

La bondad de Dios no es idéntica a su santidad o su justicia, pero están ligadas entre sí, porque su santidad desborda en bondad, y su justicia guía a que ella sea repartida. Nunca se contradicen entre sí.

La disposición de ser generoso, de bendecir a los seres humanos, es la bondad de Dios. Su plenitud y perfección trascendentes -su santidad- es como una fuente que desborda, pues Dios no está necesitado. Así que, nunca explota a nadie para compensar alguna deficiencia en Él. En cambio, su impulso natural es dar, no tomar.

“Dios ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.” (Hechos 17:25).

Pero su bondad no está desconectada de su justicia. Es por eso que esta última involucra el castigo final. Cuando Dios castiga al impenitente en el infierno, Él no está otorgándoles su bondad, pero eso no hace que deje de ser bueno. Su santidad y justicia gobiernan el hecho de derramar su bondad.

Esta es la razón por la que su bondad fluye especialmente hacia aquellos que le temen y se refugian en Él. Esto es porque semejante reverencia y fe son reflejo del valor, belleza y grandeza de Dios (Rom.4:20). Así que, la justicia de Dios lo inclina a afirmar esa clase de actitudes que le honran.

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” (Salmos 31:19).

Sin embargo, la reverencia y la fe no se ganan la bondad de Dios, pues el pecador es dependiente y no puede ganar nada de parte del Señor. La bondad de Él hacia el pecador es siempre gratuita e inmerecida.

¿Qué hay del coronavirus, entonces?

Aunque desglosaremos esto mejor en el siguiente capítulo, lo que hemos visto en este tiene el propósito de mantenernos alejados de saltar a la conclusión de que el dedo de Dios en el coronavirus desacredita su santidad, su justicia o su bondad. No somos tan ingenuos como para igualar el sufrimiento humano a la injusticia divina; o bien, pensar que Dios ha dejado de ser santo o bueno por la manera cómo gobierna este mundo.

Todos somos pecadores. Sin excepciones. Todos hemos intercambiado la gloria de Dios (Rom 1:23; 3:23). Merecemos su ira y el castigo eterno por tal conducta vergonzosa de deshonra hacia la gloria de Dios. La Biblia dice que “somos por naturaleza hijos de ira” (Ef. 2:3), lo que significa que Dios puede ser santo y justo, aún cuando retrae su bondad de nosotros.

El coronavirus, entonces, no apunta a impiedad por parte de Dios, o injusticia o falta de bondad. Nuestra Roca, en estos días turbulentos, no es injusta ni impía.

No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.” (1 Sam. 2:2).

Nuestra Roca no es un espejismo.


Este es un pequeño resumen del 3er capítulo del libro, originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

Puedes leer los capítulos 1 y 2 aquí.

Cristo y el coronavirus: Ven a la Roca (Cap. 1 y 2)

Estoy movido a escribir porque las probabilidades son un lugar frágil donde poner tu esperanza. Hay una mejor manera, un mejor lugar para pararse: una Roca de certidumbre en vez de la arena de las probabilidades.

Solo Cristo. Por su muerte no hay ira contra mí (1 Ts. 5:9-10). No porque yo sea perfecto, pues mis pecados, mi culpa, mi castigo cayeron sobre mi Salvador, Jesucristo. Él murió por nosotros. Eso es lo que la Biblia dice. Así que, estoy libre de condenación, culpa y castigo. Estoy seguro en el misericordioso favor de Dios. “Vivas o mueras, estarás conmigo”, dice Dios en Su Palabra.

Esto es muy distinto a descansar en lo que pudiera ser si viene el cáncer o el coronavirus. Esta es una Roca firme bajo mis pies. No es frágil, y me gustaría que fuera también tu Roca.

¿Es la Roca sólida solo en el tiempo “eventual”?

Alguien podría decir a lo anterior: “La gente religiosa como tú encuentra esperanza solo en lo por venir. Pero, ¿dónde está Él ahora, durante la pandemia del coronavirus?“.

Bueno, si no fuera el coronavirus, podría ser el cáncer o cualquier otra calamidad que viniera en cualquier momento. La Roca de la que hablo trae esperanza ahora, y la esperanza es poder en lo presente. ¿Por qué? Porque la esperanza evita que la gente se suicide – ahora. Ayuda a la gente a levantarse e ir a trabajar – ahora. Da significado a la vida diaria, incluso mientras estamos encerrados, en cuarentena – ahora. Libera del egoísmo, el temor y la avaricia – ahora. Da fuerza al amor y para tomar riesgos y sacrificios – ahora.

Así que, ten cuidado con despreciar lo por venir, porque puede ser que cuando lo “eventual” es hermoso y seguro, tu presente, aquí y ahora, es dulce y fructífero.

Mi objetivo es mostrar por qué Dios en Cristo es la Roca en este momento de la historia, en esta pandemia del coronavirus, y lo que es estar parados en su poderoso amor.

Un fundamento sólido

Escasamente alguna página en la Biblia es irrelevante en esta crisis. La fe bíblica no es un salto en la oscuridad, y se llama fe, no porque no tenga fundamento, sino porque involucra confianza.

Jesús no llamó a los creyentes ciegos, sino a los incrédulos (Mat. 15:13-14), pues “viendo, no ven”. La fe salvadora en la Palabra de Dios está basada en “ver”. Pero realmente ver.

¿Ver qué? La Biblia lo responde así: Satanás hace todo lo que puede para cegar “las mentes de los incrédulos, para evitar que vean la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4).

En otras palabras, hay una clase de luz espiritual que brilla a través del Evangelio – la historia bíblica de la salvación. Esto no es magia. No es místico, en el sentido de ser algo que “vemos”, pero que realmente no está ahí. Jesucristo es la clase de persona divina cuya moral y gloria espiritual sobrenatural -su belleza, valor y grandeza- brilla a través de Su Palabra. Esto autentica la Escritura como verdad.

Yo creo que cada uno tiene un molde en su corazón con la forma de Cristo. ¿Por qué? Porque ningún hombre puede consolar nuestras almas en esta pandemia, de la manera que Dios puede (Sal. 34:18-19). Su consuelo es inconmovible. Es este consuelo de una grandiosa y altísima Roca en el mar tormentoso. Proviene de Su Palabra, la Biblia.


Este es un pequeño resumen de los dos primeros capítulos del libro, originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos 3, 4 y 5.