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¿Qué está haciendo Dios a través del coronavirus?: Retratando el horror moral

Si Dios no ha sido destronado, si, de hecho, Él gobierna “todas las cosas conforme al designio de su voluntad” (Ef. 1:11), y si este brote del coronavirus, con toda su devastación, está en sus santas, justas, buenas y sabias manos, ¿qué está haciendo  Dios entonces? ¿Cuáles son sus propósitos?


Nosotros los humanos somos finitos, pecadores, condicionados culturalmente y formados (o deformados) por nuestros genes e historia personal. De nuestros corazones, mentes y bocas salen todas las formas de autojustificación y racionalización de nuestras preferencias. Así que, seríamos sabios en prestar atención a lo que el profeta Isaías dice en el capítulo 2, verso 22:

No se apoyen en el ser humano que sólo es un soplo en la nariz; ¿qué valor tiene en realidad?” (BLPH)

Dios no está callado sobre su obrar en este mundo. Él nos ha dado las Escrituras.

Romanos 5:

3 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos[a] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia[b]; y la paciencia[c], carácter probado; y el carácter probado, esperanza; y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.

“Sabiendo”. Las Escrituras están escritas para que sepamos las cosas que Dios ha revelado. Especialmente acerca del sufrimiento – incluyendo este brote de coronavirus.

Romanos 11:

33 ¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!

Así que, “inescrutables” significa que Dios siempre está haciendo más de lo que podemos ver – e incluso lo que podemos ver, no lo veríamos si Él no lo hubiera revelado en Su Palabra.

¿Qué está haciendo Dios a través del coronavirus?

A continuación, dictaré seis caminos, todos extraidos de la Biblia, para tratar de explicar los propósitos de Dios con esta pandemia.

RETRATANDO EL HORROR MORAL

Dios está dándole a este mundo, con el brote del coronavirus, como con todas las demás calamidades, un retrato físico sobre el horro moral y la fealdad espiritual del pecado que menosprecia a Dios.

El pecado, de hecho, es la razón por la cual la miseria física existe. El tercer capítulo de la Biblia describe la entrada del pecado al mundo, siendo el origen de la devastación global (Gén. 3:1-19). Pablo lo resume en Romanos 5:12:

Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.

El mundo ha estado roto desde entonces Toda su belleza entretejida con maldad, desastres, enfermedades y frustraciones. Dios lo había creado perfecto.

Génesis 1:31a (LBLA)

Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.

La caída es juicio

La Biblia no ve este quebrantamiento meramente natural, sino como el juicio de Dios sobre un mundo permeado por el pecado. Así Pablo describe los efectos del mismo:

Romanos 8

20 Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza 21 de que la creación[a] misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. 22 Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora.

Futilidad. Esclavitud a la corrupción. Gimiendo. Estas son las imágenes globales de la devastación y miseria desde que el pecado entró al mundo.

Incluso los hijos de Dios están bajo el juicio

Dios tiene un maravilloso plan para una nueva creación, donde “enjugará toda lágrima de sus ojos” (Ap. 21:4). Pero, por ahora, estamos todos bajo su juicio. Él ha sujetado este mundo a muerte, desastre y miseria.

Sí, incluso sus propios hijos – aquellos que Él “predestinó…para adopción” (Ef. 1:5), redimió con la sangre de Su Hijo (Ef. 1:7), y los citó para vida eterna (Ef. 1:18)-sufren y mueren por el juicio de Dios por la caída.

A los cristianos se los llevan los tsunamis. A los cristianos los asesinan en ataques terroristas. Los cristianos se contagian con coronavirus.

Purificación, no castigo

La diferencia para los cristianos – aquellos que abrazan a Cristo como su supremo tesoro – es que para nosotros no hay condenación.

Romanos 8:1:

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús[a], los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.

El dolor para nosotros es purificador, no castigador.

“Dios no nos ha destinado para ira” (1 Ts. 5:9). Nosotros morimos de enfermedades y desastres, como todos los humanos. Pero para aquellos que están en Cristo, el “aguijón” de la muerte ha sido removido (1 Cor. 15:55). “Morir es ganancia” (Fil. 1:21). El partir es “estar con Cristo” (Fil. 1:23).

Satán es real – y restringido

No estamos ciegos al hecho de que Satán está muy involucrado en toda la miseria global. La Biblia lo llama “el dios de este mundo” (2 Cor. 4:4), y “el príncipe de este mundo” (Juan 12:31), y “el príncipe de la potestar del aire” (Ef. 2:2). Él ha sido “asesino desde el principio” (Juan 8:44). Él ata y oprime con muchas enfermedades (Luc. 13:16; Hech. 10:38).

Pero Satán está atado. Y la correa está en la manos de Dios. Él no actúa sin el consentimiento de Dios, así que está limitado (Job 1:12; 2:6; Luc. 22:31; 2 Cor. 12:7). Dios decide finalmente el alcance del daño que hace Satán. Él no está separado del juicio de Dios. Él sirve a ello – inconscientemente.

La pregunta clave

Ahora, esta es la pregunta que da un sentido más afilado al tema del coronavirus. ¿Por qué Dios traería un juicio físico al mundo a causa de la maldad moral? Adán y Eva desafiaron a Dios. Fue el pecado en el alma primero, no en el cuerpo.

Pero en respuesta a su rebelión moral y espiritual, Dios sujetó el mundo físico al desastre y la miseria. ¿Por qué?

Una respuesta

Esta es mi sugerencia: Dios puso bajo maldición al mundo físico para que todos los horrores que vemos alrededor de nosotros, a través de las enfermedades y calamidades, se volvieran un retrato vívido de cuán horrible es el pecado. En otras palabras, la maldad física es una parábola, un drama, una señal que apunta a la indignación moral de la rebelión en contra de Dios.

¿Por qué esto tiene sentido? Porque en nuestra presente condición, luego de la caída, cegados por el pecado, no podemos sentir o ver cuán repugnante es el pecado. Difícilmente alguien en este mundo siente el horror de preferir otras cosas por sobre Dios. ¿Quién pierde algo de sueño sobre su menosprecio diario de Dios a causa del descuido y la desobediencia?

¡Pero, oh, cómo sentimos el dolor físico! ¡Cuán indignante se vuelve si Dios toca nuestros cuerpos! Podemos no lamentarnos por la manera cómo degradamos a Dios diariamente en nuestros corazones. Pero deja que venga el coronavirus y amenace nuestros cuerpos, y es ahí entonces cuando Él tiene nuestra atención.

El dolor físico es la trompeta de Dios para decirnos que hay algo terriblemente mal en el mundo.

Las enfermedades y deformidades son el retrato de Dios en el reino físico de lo que el pecado es en el reino espiritual. Y es cierto que hasta las personas más piadosas en este mundo soportan eso.

Las calamidades son la vista anticipada de Dios de lo que el pecado merece y recibirá un día en el juicio, mil veces peor. Son advertencias. Son llamados para que veamos el horror moral y la fealdad espiritual que implica pecar contra Dios; para que sintamos cuán repugnante, ofensivo, abominable que es tratar a nuestro Hacedor con rebeldía; por ignorarlo, desconfiar de Él y menospreciarlo en nuestros corazones.

Necesitamos ver esto, sentir esto, o no nos volveremos de nuestros horribles pecados a Cristo para salvación. Podemos llorar para tratar de escapar de las penalidades del pecado, ¿pero veremos y odiaremos el pecado que ofende a Dios? Si no lo hacemos, no será a causa de que Dios no haya provisto vivos retratos en forma de miseria física – como el coronavirus.

Así que, Dios es misericordioso al gritarnos en estos días: ¡DESPIERTEN! El pecado contra Dios luce así. Es horrible. Y muchísimo más peligroso que el coronavirus.


Este es un resumen del 6to capítulo del libro, el que encabeza la segunda parte, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

Originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

Dios sigue siendo Dios, aún en tiempos de pandemia (Cap. 3)

Lo que más nos golpea en una pandemia global es la confianza en que Dios es justo, santo y bueno. Si Dios va a ser nuestra Roca, Él debe ser justo. Una Roca injusta es un espejismo.

Así que, necesitamos preguntarnos, ¿qué son la santidad, la justicia y la bondad de Dios? Porque si no sabemos qué son, ¿cómo sabremos si este virus las ha desmoronado? ¿O cómo sabremos si, en cambio, son de hecho los fundamentos eternos de la Roca que nos salva?

La Biblia muestra la santidad, justicia y bondad de Dios no como idénticas, sino como entrelazadas.

Santidad: valor trascendete e infinito

La santidad es estar separado, pero de manera diferente a como se conoce ordinariamente, pues, aplicado a Dios, implica que Él es tan único que su separación trasciende otras realidades. Él es autoexistente, completo, perfecto. Así que, Él posee el valor más grandioso, como la fuente de toda realidad y todo valor.

Hay un solo Dios. No tres. Pero este Dios único existe en una unidad misteriosa y verdadera entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; cada uno de ellos eterno y sin principio. Cada uno verdaderamente Dios.

Así que, la santidad no significa que Él está solitario y sin amor en su altura infinita. Dios el Padre conoce y ama al hijo perfecta, completa e infinitamente (Marc. 1:11; 9:7; Col 1:13). Dios el Hijo conoce y ama al Padre perfecta, completa e infinitamente (Juan 14:31). El Espíritu Santo es la expresión perfecta, completa e infinita del conocimiento y amor entre el Padre y el Hijo.

¿Por qué esto importa? Porque esta trinidad perfecta es esencial para definir la llenura y perfección de Dios. Es esencial para su santidad.

La santidad se entrelaza con la justicia

Ser santo no solo significa estar separado y ser trascendente, sino también ser justo.

El estándar de la justicia de Dios es Dios mismo. El fundamento bíblico de este principio es el siguiente: “Él no puede negarse a sí mismo” (2 Tim. 2:13). Él no puede actuar en una manera que niegue su propio valor infinito, belleza y grandeza. Este es el estándar de lo que es correcto para Dios.

Esto significa que la dimensión moral de la santidad de Dios -su justicia- es su inconmovible compromiso en actuar de acuerdo a su propio valor, belleza y grandeza. Cada afecto, cada pensamiento, cada palabra y cada acto de Dios siempre será consistente con lo anterior. Si Dios negara todo esto, el estándar estaría roto y sería un Dios injusto.

La justicia se entrelaza con la bondad

La bondad de Dios no es idéntica a su santidad o su justicia, pero están ligadas entre sí, porque su santidad desborda en bondad, y su justicia guía a que ella sea repartida. Nunca se contradicen entre sí.

La disposición de ser generoso, de bendecir a los seres humanos, es la bondad de Dios. Su plenitud y perfección trascendentes -su santidad- es como una fuente que desborda, pues Dios no está necesitado. Así que, nunca explota a nadie para compensar alguna deficiencia en Él. En cambio, su impulso natural es dar, no tomar.

“Dios ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.” (Hechos 17:25).

Pero su bondad no está desconectada de su justicia. Es por eso que esta última involucra el castigo final. Cuando Dios castiga al impenitente en el infierno, Él no está otorgándoles su bondad, pero eso no hace que deje de ser bueno. Su santidad y justicia gobiernan el hecho de derramar su bondad.

Esta es la razón por la que su bondad fluye especialmente hacia aquellos que le temen y se refugian en Él. Esto es porque semejante reverencia y fe son reflejo del valor, belleza y grandeza de Dios (Rom.4:20). Así que, la justicia de Dios lo inclina a afirmar esa clase de actitudes que le honran.

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” (Salmos 31:19).

Sin embargo, la reverencia y la fe no se ganan la bondad de Dios, pues el pecador es dependiente y no puede ganar nada de parte del Señor. La bondad de Él hacia el pecador es siempre gratuita e inmerecida.

¿Qué hay del coronavirus, entonces?

Aunque desglosaremos esto mejor en el siguiente capítulo, lo que hemos visto en este tiene el propósito de mantenernos alejados de saltar a la conclusión de que el dedo de Dios en el coronavirus desacredita su santidad, su justicia o su bondad. No somos tan ingenuos como para igualar el sufrimiento humano a la injusticia divina; o bien, pensar que Dios ha dejado de ser santo o bueno por la manera cómo gobierna este mundo.

Todos somos pecadores. Sin excepciones. Todos hemos intercambiado la gloria de Dios (Rom 1:23; 3:23). Merecemos su ira y el castigo eterno por tal conducta vergonzosa de deshonra hacia la gloria de Dios. La Biblia dice que “somos por naturaleza hijos de ira” (Ef. 2:3), lo que significa que Dios puede ser santo y justo, aún cuando retrae su bondad de nosotros.

El coronavirus, entonces, no apunta a impiedad por parte de Dios, o injusticia o falta de bondad. Nuestra Roca, en estos días turbulentos, no es injusta ni impía.

No hay santo como Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.” (1 Sam. 2:2).

Nuestra Roca no es un espejismo.


Este es un pequeño resumen del 3er capítulo del libro, originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

Puedes leer los capítulos 1 y 2 aquí.

“El Señor conoce tu corazón”

Esta frase es taaan común hoy en día pero, si les digo la verdad, cada vez que la oigo me horrorizo. “¿Por qué? Si Dios conoce los corazones”, bueno, sí, es verdad que el Señor lo sabe todo y no hay nada que de su presencia se esconda (Salmos 139:7), pero tengo la impresión de que se expresa por las razones incorrectas, adjudicando mérito al hombre, lo que convertiría esa oración en una declaración antropocéntrica. ¿Incómodo? Seguir leyendo “El Señor conoce tu corazón”

Solo por gracia

Ningún ser humano procurará ser salvado hasta que descubra su propia impotencia para salvarse. Esa es la gran diferencia entre el cristianismo y las religiones, porque éstas te dicen lo que debes hacer para ser acepto por Dios; el evangelio te dice lo que ya Dios hizo por ti en Cristo Jesús para salvarte.

Sí, tenemos un gravísimo problema llamado pecado, pero Dios envió a Su Hijo, al Salvador para resolverlo. ESA ES LA OFERTA DEL EVANGELIO, hay perdón en Cristo para todo aquel que se arrepiente de sus pecados y que descansa en la justicia y gracia de Jesús.

Pídele a Él hoy que te salve y transforme tu corazón, pídele que te haga percibir la condición de tu pecado, porque dice la Escritura que Dios no desprecia un corazón contrito y humillado; no serás desechado si a Él te acercas hoy.

Romanos 10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Pr. Sugel Michelen.

Un clamor profundo por ti

La oscuridad no existe, dijo hace tiempo un famoso científico, es solo ausencia de luz.

Las tinieblas, por muy espesas que sean, son partidas completamente con tan solo un rayito que se cuele para alumbrar lo que está oculto, y entonces se estremece todo lo que se esconde, temeroso de que le descubran, aterrado de su porvenir, pues no son más que intrusos que se colaron y que no pertenecen a lo real, a lo bueno, a lo honesto, a lo puro…

Aún recuerdo la amargura de las lágrimas y la opresión en el pecho aquellas noches de nunca acabar, en la inquietud de un alma vacía y resquebrajada, hasta que apareció Él.

Oh sí, cuando por fin vino la respuesta, cuando Él me arropó de claridad y disipó la confusión, cuando llegó la salvación.

Como quisiera que dejaras de esconderte, que dejaras hablarte, que me dejaras ayudarte…que fueras despertado para admirar la gloria del Santo, que tus cadenas fuesen deshechas y tu gozo manifiesto de una vez por todas.

Como quisiera que te dieses cuenta de tanta misericordia sobre ti derramada, la misma que te ha sostenido; que tus rodillas se doblen delante del Poderoso, que tu vida sea limpia, que tu sonrisa sea verdadera.

Cuanto deseo que también llegue para ti el día de la redención.

 

Efesios 5:13-14 Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.

Einstein

Virginia L. / @virgisaescribe

tuliP: Perseverancia de los santos

Escribiendo a los Filipenses, Pablo dice: “que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” (Fil. 1:6). Ahí está la promesa de Dios de que lo que El comienza en nuestras almas, Él tiene la intención de terminar. Así que el viejo axioma de la teología reformada por la perseverancia de los santos es la siguiente: Si lo tienes, es decir, si usted tiene una fe genuina y se encuentran en un estado de gracia salvadora, nunca lo perderá. Si lo pierdes, nunca lo tuviste.

Sabemos que muchas personas hacen profesión de fe, luego se alejan y repudian o se retractan de esas profesiones. El apóstol Juan señala que hubo quien dejó la compañía de los discípulos, y dice de ellos: “Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros” (1 Juan 2:19). Por supuesto, estaban con los discípulos en cuanto a las apariencias externas antes de partir. Habían hecho una profesión externa de fe, y Jesús deja en claro que es posible para una persona hacer esto incluso cuando no posee lo que él profesa. Seguir leyendo tuliP: Perseverancia de los santos

tulIp: Gracia irresistible o llamamiento eficaz

En el histórico pensamiento Reforma, la idea es la siguiente: la regeneración precede a la fe. También creemos que la regeneración es monergista. Eso sí esa es una palabra de tres dólares. Esto significa esencialmente que la operación divina llamada renacimiento o regeneración es la obra de Dios. Un ergio es una unidad de trabajo, una unidad de obra. La palabra energía proviene de esa idea. El prefijo mono – significa “uno”. Así monergismo significa “uno trabajando.” Esto quiere decir que la obra de regeneración en el corazón humano es algo que Dios hace por medio de Su poder solamente, y no en un 50 por ciento de Su poder y 50 por ciento en el poder del hombre, o incluso el 99 por ciento de Su poder y el 1 por ciento de en el poder del hombre. Es 100 por ciento la obra de Dios. Él, y sólo El, tiene el poder de cambiar la disposición del alma y el corazón humano, para llevarnos a la fe.

Además, cuando El ejerce esta gracia en el alma, El produce el efecto de que El pretendió llevar a cabo. Cuando Dios le creó, le trajo a la existencia. Usted no le ayudó en nada. Fue Su obra soberana la que le trajo a la vida biológica. Del mismo modo, es Su obra, y sólo la de Él, que lo lleva a un estado de regeneración y de creación renovada. Por lo tanto, llamamos a esto gracia irresistible. Es la gracia que obra. Es la gracia que produce lo que Dios quiere llevar a cabo. Si, en efecto, estamos muertos en pecados y transgresiones, si, de hecho, nuestras voluntades están cautivas por los deseos de nuestra carne y necesitamos ser liberados de la carne con el fin de ser salvos, entonces, en el análisis final, la salvación debe ser algo que Dios hace en nosotros y en lugar de nosotros, no algo que de aluna manera hagamos por nosotros mismos.

La gracia de Dios es tan poderosa que tiene la capacidad de vencer nuestra resistencia natural a la misma. — RC Sproul

Sin embargo, la idea de irresistibilidad evoca la idea de que uno no puede ofrecer ninguna resistencia a la gracia de Dios. Sin embargo, la historia de la raza humana es la historia de la resistencia implacable a la dulzura de la gracia de Dios. La gracia irresistible no significa que la gracia de Dios es incapaz de ser resistida. De hecho, somos capaces de resistir a la gracia de Dios, y de hecho la resistimos. La idea es que la gracia de Dios es tan poderosa que tiene la capacidad de vencer nuestra resistencia natural a la misma. No es que el Espíritu Santo arrastra a la gente pateando y gritando a Cristo en contra de su voluntad. El Espíritu Santo cambia la inclinación y disposición de nuestra voluntad, de modo que mientras que antes éramos reacios a abrazar a Cristo, ahora estamos dispuestos, y más que dispuestos. En efecto, no somos arrastrados a Cristo, corremos hacia a Cristo, y lo abrazamos con alegría porque el Espíritu ha cambiado nuestros corazones. Ya no son los corazones de piedra que son impermeables a los mandamientos de Dios y a las invitaciones del Evangelio. Dios derrite la dureza de nuestros corazones cuando Él nos hace nuevas criaturas. El Espíritu Santo nos resucita de la muerte espiritual, de modo que nos acercamos a Cristo porque queremos venir a Cristo. La razón por la que queremos venir a Cristo es porque Dios ya ha hecho una obra de la gracia en nuestras almas. Sin esa obra, nunca tendríamos ningún deseo de venir a Cristo. Es por eso que decimos que la regeneración precede a la fe.nota-artes4

Tengo un poco de un problema con el término gracia irresistible, no porque yo no crea en esta doctrina clásica, sino porque es engañosa para muchas personas. Por lo tanto, prefiero el término gracia eficaz, porque la gracia irresistible de Dios efectúa lo que Dios quiere llevar a cabo.

En el mensaje final, llegaremos a la conclusión considerando el P en TULIP, la perseverancia de los santos.

Dr. R.C. Sproul nació en 1939 en Pittsburgh Pennsylvania. Es presidente de Ligonier Academy of Biblical and Theological Studies y fundador del ministerio que inició en 1971 como el Ligonier Valley Study Center en Ligonier, Pennsylvania.
Fuente original: Soldados de Jesucristo

tuLip: Expiación limitada o redención particular

Creo que de todos los cinco puntos del calvinismo, la expiación limitada es el más controversial, y el que engendra tal vez la mayor confusión y consternación. Esta doctrina está principalmente preocupada por el destino inicial, el plan o designio de Dios al enviar a Cristo al mundo para morir en la cruz. Seguir leyendo tuLip: Expiación limitada o redención particular