Archivo de la etiqueta: juicios divinos

Haciendo buenas obras en medio del peligro

El coronavirus es un llamado de Dios a Su pueblo para que se despojen de la autocompasión y el temor, y en cambio se vistan de gozo y valentía para hacer las buenas obras de amor que glorifican a Dios.

Las buenas obras en sí mismas no son lo que hace que el cristianismo sea atractivo. Son las buenas obras a pesar del peligro. Muchos inconversos hacen buenas obras, pero la gente no suele darle la gloria a Dios por esas obras.

“Dichosos serán ustedes cuando por Mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo” (Mt 5:11- 12).

Y luego, sin hacer ninguna pausa, dice: “Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5:13-16).

Sí, el peligro en Mateo 5 era la persecución, no la enfermedad, pero aplica el mismo principio. Las obras de amor en medio del peligro, ya sea por una enfermedad o por la persecución, apuntan más claramente al hecho de que la esperanza en Dios es la que nos capacita para esas obras.

La esperanza en Dios que va más allá de la muerte:

“Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos” (Lc 14:13-14).

El Apóstol Pedro instó a que no permitan que la posibilidad o la realidad del sufrimiento les impida hacer buenas obras.

Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación (1P 2:12).

CRISTO MURIÓ PARA PREPARAR BUENAS OBRAS EN LAS QUE ANDEMOS, AÚN EN MEDIO DEL PELIGRO

“[Cristo] mismo, en Su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia” (1P 2:24).

Gracias a Cristo, los cristianos mueren al pecado y se dedican a hacer buenas obras de justicia. Además, estas buenas obras están dirigidas tanto a los cristianos como a los incrédulos.

“Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe” (Gá 6:10).

“Asegúrense de que nadie pague mal por mal; más bien, es- fuércense siempre por hacer el bien, no solo entre ustedes, sino a todos” (1Ts 5:15).

PARA LA GLORIA DE CRISTO

La meta principal de Dios para Su pueblo es que glorifiquemos Su grandeza y exaltemos el valor de Su Hijo, Jesucristo.

“Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1Co 10:31).

Por lo tanto, uno de los propósitos de Dios con el coronavirus es que Su pueblo se despoje de la autocompasión y el temor, y se dedique a hacer buenas obras en medio del peligro. Los cristianos deben enfocarse en las necesidades de otros, no en su propia comodidad. Deben enfocarse en el amor, no en su propia seguridad. Así es nuestro Salvador. Para eso murió.

2343.jpg

EL EJEMPLO DE LA IGLESIA PRIMITIVA

En los años 165 y 251 d. C., cayeron dos grandes plagas sobre el Imperio Romano.

La misericordia era vista como un defecto de carácter y la compasión como una emoción patológica; debido a que la misericordia implica dar una ayuda inmerecida, decían que era contraria a la justicia.

Por esto, mientras que un tercio del imperio moría a causa de la plaga, los médicos huían a sus casas de campo. Los que tenían síntomas eran expulsados de las casas. Los sacerdotes abandonaban los templos. Pero los cristianos afirmaron tener respuestas y, sobre todo, realizaron acciones apropiadas.

Las respuestas incluían el perdón de pecados por medio de Cristo y la esperanza de la vida eterna después de la muerte. Este era un mensaje precioso en una temporada de desamparo médico y total desesperanza.

En cuanto a las acciones, hubo grandes cantidades de cristianos que cuidaban a los enfermos y moribundos. Hacia el fin de la segunda plaga, el obispo Dionisio de Alejandría escribió una carta elogiando a los miembros de su iglesia:

La mayoría de nuestros hermanos mostraron amor y lealtad sin límites. Nunca escatimaron esfuerzos y solo pensaban en los demás. Ignorando el peligro, se encargaron de los enfermos, suplieron sus necesidades, les ministraron en Cristo y, junto con ellos, dejaron esta vida serena y alegremente.

ALIVIANDO EL SUFRIMIENTO ENVIADO POR DIOS

Ver el coronavirus como un acto de Dios no contradice el llamado a los cristianos a asumir riesgos para aliviar el sufrimiento que produce esta enfermedad.

Desde que Dios sometió al mundo al pecado y a la miseria en la Caída, Él ordenó a Su pueblo que saliera a rescatar a los que perecen, a pesar de que es Él mismo quien juzgará a los que perecerán. El mismo Dios vino al mundo en Jesucristo para rescatar a las personas de Su propio juicio justo (Ro 5:9). Ese es el significado de la cruz de Cristo.

Por lo tanto, las buenas obras del pueblo de Dios incluyen las oraciones por la sanación de los enfermos y para que Dios refrene Su mano, elimine la pandemia y provea una cura. Oramos por el coronavirus y trabajamos para aliviar el sufrimiento que produce.

Si confiamos en Su Palabra y la obedecemos, Él hará que Su soberanía y nuestro servicio cumplan Sus propósitos buenos y sabios.


Este es un resumen del 10mo capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

Originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

¿Qué está haciendo Dios a través del coronavirus?: Está enviando juicios divinos específicos

Algunas personas se infectarán de coronavirus como un juicio específico de Dios debido a sus actitudes y acciones pecaminosas.

El hecho de que toda miseria sea resultado de la caída -consecuencia de la entrada del pecado que menosprecia a Dios en el mundo- no significa que todo sufrimiento individual es un juicio específico por pecados personales. Por ejemplo, el sufrimiento de Job no se debió a pecados particulares. De hecho, la primera frase de ese libro lo deja claro:

“Job…era un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal.” (Job 1:1).

Así que, el propio pueblo de Dios experimenta muchos de los efectos físicos de su juicio. El apóstol Pedro lo pone de esta manera:

Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios! “Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?” (1P 4:17-18).

Para “la familia de Dios”, este juicio es purificador, no parte de un castigo. Sin embargo, Dios a veces usa la enfermedad para traer juicios particulares sobre aquellos que le rechazan y se entregan al pecado.

EJEMPLOS DE JUICIOS ESPECÍFICOS SOBRE PECADOS ESPECÍFICOS

Daré dos ejemplos de esto. En primer lugar, en Hechos 12, Herodes el rey se exaltó a sí mismo, permitiendo que lo llamaran “dios”.

“Al instante un ángel del Señor lo hirió, porque no le había dado la gloria a Dios; y Herodes murió comido de gusanos” (Hch 12:23).

Dios puede hacer eso con todo aquel que se exalta a sí mismo, lo cual significa que debemos asombrarnos de que muchos de nuestros gobernantes no caen muertos todos los días por su arrogancia ante Dios y el hombre. Dios refrena su ira, y es una gran muestra de misericordia.

Otro ejemplo es el pecado de las relaciones homosexuales. En Romanos 1:27, el apóstol Pablo dice:

“Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión”.
Ese “castigo que merecía su perversión” es solo un ejemplo del juicio de Dios que vemos en Romanos 1:18, donde dice:

“Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad”.

De modo que, mientras no todo sufrimiento se debe a un juicio específico de Dios por pecados específicos, algunos sí lo son.

QUE TODA ALMA SE EXAMINE

Por lo tanto, el coronavirus no es simplemente un castigo para todo el que se contagia. El cristiano más amoroso y lleno del Espíritu Santo, cuyos pecados son perdonados por Cristo, puede morir por esta pandemia. Pero es correcto que todos y cada uno de nosotros examinemos nuestros propios corazones para discernir si el sufrimiento que padecemos se debe a un juicio de Dios a causa de la manera cómo vivimos.

Si venimos a Cristo, podemos saber que nuestro sufrimiento no es un castigo. Y lo sabemos porque Jesús dijo:

“Ciertamente les aseguro que el que oye Mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Juan 5:24).

“No hay condenación para los que están en Cristo Jesús” (Ro 8:1).

Es disciplina, no desctrucción.

“porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo” (Heb 12:6).


Este es un resumen del 7mo capítulo del libro, sobre los “seis caminos” o razones por las que Dios ha enviado el coronavirus al mundo; lo que está haciendo a la luz de las Escrituras.

Originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.